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Artículo en la revista La Luz

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Investigadores españoles descubren el mecanismo molecular por el que el aceite de oliva protege del cáncer

Un equipo de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones científicas (CSIC) y de la UIB, han descubierto el mecanismo molecular por el cual el aceite de oliva protege frente al desarrollo de cáncer e hipertensión arterial, según informaron ayer en un comunicado.
El artículo de investigación, publicado en el número de julio de 2005 de la revista ‘Molecular Pharmacology’, tendrá importantes consecuencias en el área de la salud, ya que a partir de los descubrimientos realizados se pueden diseñar moléculas con efectos antitumorales y anti-hipertensores mayores que otros fármacos que actualmente se usan y que carecen de efectos secundarios. Las investigaciones realizadas hasta la fecha mostraban las propiedades beneficiosas sobre la salud del aceite de oliva, pero no se había desvelado el origen de estos efectos.
Este descubrimiento, realizado junto a dos universidades de Estados Unidos, y dirigidos por el Doctor Pablo Escribá, del Departamento de Biomedicina Molecular y Celular de la universidad balear, puede suponer un importante impulso para el sector de la oliva y un punto de partida para el diseño de nuevos fármacos antitumorales y antihipertensores basados en la estructura del ácido oleico (el aceite de oliva es ácido oleico en un 80%).
Numerosos estudios demuestran que el consumo de aceite de oliva protege frente al desarrollo de cáncer y enfermedades cardiovasculares. Otros trabajos describen algunos cambios en los niveles de lipoproteínas séricas y otras proteínas reguladoras, que podrían estar relacionados con los efectos beneficiosos para la salud del aceite de oliva.
Sin embargo, ninguno de estos estudios indica cuál es el primer proceso activado por el aceite de oliva para iniciar su acción terapéutica, es decir, el responsable de los efectos beneficiosos para la salud del aceite de oliva. En el trabajo de Yang y colaboradores se demuestra que el principal componente del aceite de oliva, el ácido oleico, se inserta en la membrana celular y regula la señalización mediada por receptores acoplados a proteínas G.
Estas señales son las que controlan la presión arterial (lo que explica su efecto beneficioso a nivel cardiovascular, reduciendo la presión arterial) y la multiplicación celular (lo que explica la protección frente al cáncer, una enfermedad caracterizada por una multiplicación celular excesiva). Este trabajo descubre, por primera vez, cuál es el paso inicial en el efecto antitumoral y anti-hipertensor del aceite de oliva.
Este trabajo ha sido patrocinado por el Ministerio de Sanidad, por el Ministerio de Educación y Ciencia, por la Fundación Marathon, por la Fundación Genoma España, por el Gobierno de las Islas Baleares (Conselleria d’Economia, Innovació i Hisenda y Conselleria de Salut i Consum), por Lipopharma y por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
Además de la relevancia que tiene en el área de la salud, este estudio puede suponer un impulso económico importante para el sector de la oliva, siempre cuestionado y en peligro por multitud de factores. El aceite de oliva es un producto de gran valor nutritivo y cuya importancia en el área de la salud es incuestionable.
Este trabajo viene a aportar la prueba definitiva que demuestra las bases moleculares de los efectos antitumorales y anti-hipertensores del aceite de oliva, ya que los estudios previos sobre poblaciones que consumen elevadas cantidades de aceite de oliva pueden estar influenciados por el consumo de otros productos naturales (por ejemplo, frutas y hortalizas).

Publicado en Estrella Digital (www.estrelladigital.es), edición del 24/6/2005.

 

El hermano silvestre de la oliva

Una empresa gaditana envasa el único aceite de acebuchina de Andalucía

A. HERNÁNDEZ-RODICIO, Cádiz.
Una aceituna silvestre, la acebuchina, proporciona uno de los mejores aceites posibles para domeñar una buena tostada. Hijo del olivo silvestre (O. Oleaster), conocido popularmente como acebuche, y hermano de la oliva, este producto resiste las comparaciones organolépticas, se equipara a los sistemas productivos de mayor calidad y mantiene su cuota de mercado con un precio que triplica al menos el del aceite de oliva: 2.000 pesetas el litro. Lo produce, envasa y vende la firma El Callejón, de Prado del rey (Cádiz). Al frente de la marca está Laureano Sígler, único productor andaluz para un zumo que desafia al resto de alimentos con los que se combina.
El aceite de acebuchina se hace sin prisa, que, aquí, tampoco es buena consejera. El crecimiento de estos árboles es muy lento: pasan hasta 80 años antes de alcanzar su desarrollo total, cuando muestra su nervuda figura y su geografía de madera: ramas rígidas y erguidas, corteza lisa y ramas espinosas. La maquinaria de la almazara centenaria no arranca hasta que llegan las acebuchinas desde todos los puntos de la provincia. No hay producción controlada ni superficie cultivada. Cada mes varían las cifras. El producto que utiliza El callejón procede de fincas privadas de las comarcas de la sierra y de La Janda. Poca gente se dedica a recolectar acebuchinas, un fruto con un hueso muy grane y poca carne. Difícil de coger porque es muy duro y con un solo receptor, que compra el kilogramo de aceitunas silvestres entre 60 y 100 pesetas, siempre por encima del precio de la aceituna cultivada. Pese a todo, a Sígler no le faltan acebuchinas en su almazara. En su finca privada tiene unos 500 acebuches y 8.000 olivos.

Laureano Sígler, en su molino de aceite de acebuche. /JARO MUÑOZ

Laureano Sígler, en su molino de aceite de acebuche. /JARO MUÑOZ

Lleva tres años trabajando ese aceite, aunque es desde 1998 cuando la producción y la distribución está organizada. El profesor de Bellas Artes de Granada José Francisco Corrales ha dibujado la etiqueta, que no miente: “Es un producto natural, con un sabor afrutado diferente, de una calidad tremenda y con la acidez controlada y siempre virgen”, sostiene Sigler.
Cada año, una producción limitada y difícil de cifrar de aceite de acebuchina se comercializa en botellas de uno y de medio litro, numeradas, lacradas y presentadas con esmero. La producción se distribuye a través de tiendas especializadas en toda España: Valencia, Madrid, Bilbao, Barcelona y toda Andalucía, aunque se va abriendo mercado internacional en Alemania y Francia. “Hemos comprobado cómo en las tiendas de calidad donde lo hemos introducido hay ya una clientela que lo reclama”.

Mercado abierto
La familia de la mujer de Sígler fue la que comenzó con la producción de aceite de oliva. La empresa familiar cuenta con otra marca en el mercado: El pajarete, un aceite ecológico procedente de olivares donde no entran los herbicidas ni los abonos. Pero lo que le siempre le llamó la atención al titular de la empresa es que “los antiguos molineros se reservan para ellos el aceite de acebuchina”, así que, desde sus observaciones concluyó dos cosas: que seria de una calidad superior al de oliva y que tendría un mercado virgen por explorar.
Para poner en el mercado esa colección de botellas limitadas, el productor se afana en que nada perturbe la calidad del producto: el fruto silvestre se somete sólo a un empiedro (dos piedras piramidales que giran) artesanal y centenario, que parte la carne y le arranca un aceite yema super extra. La masa se traslada, en capachos, a la prensa hidraúlica que bajo el argumento de sus cuatro toneladas escurre el resto del aceite. Toda la molturación se hace en frío, sin temperaturas que degradan el sabor. El producto del acebuche se aclara en tinajas vitrificadas hace casi dos siglos. Cinco personas se encargan de su envasado y distribución. “Algunas de las mejores marcas de Jaén o Córdoba nos compran nuestros aceites para encabezar los suyos”, dice ufano.

Del virgen al orujo
El mejor aceite es aquel que reproduce más fielmente los olores y sabores del fruto del que proceden. En el caso del aceite de oliva, tal condición la ostenta el virgen extra, el zumo de oliva conseguido tras la aplicación de procedimientos físicos, con una acidez máxima de 1°. Aquellos aceites que sufran ligeras alternaciones (por la molienda o el estado del fruto), reflejadas en una acidez máxima de 2° se encuadran en la clase virgen fino.
Si las alteraciones son sensibles, se consigue el virgen corriente, de 3,3° de acidez máxima. Éste tipo de aceite virgen no suele embotellarse sino que es destinado a la composición del aceite de oliva, mezclado con el lampante, el peor de los vírgenes, que es previamente refinado para rebajar su acidez. Además, la industria extractora aprovecha el subproducto que queda tras la molienda, el orujo, para obtener mediante disolventes o centrifugado y, tras un proceso de refino, el aceite de orujo refinado, que también es mejorado con virgen corriente para conseguir el aceite de orujo de oliva, presente en el mercado.

XII / EXPOLIVA. EL PAIS de Andalucía
EL PAÍS
, jueves 17 de junio de 1999